
La chica de la foto es Lucrecia, mi ahijada gata.
Su mamá es Checha.
Con Lucrecia pasé el verano.
Nos entendemos bien.
Tiene una hermana que se llama Simona.
Antes no me gustaban lo gatos.
En realidad no los conocía.
Son animales magníficos.
A los que simplemente hay que observar para descubrirlos.
Hoy me levanté con mucha energía.
Estoy disfrutando de todo.
Me encanta el lugar donde vivo, es cálido, me reconforta.
Mi casa es como yo. Me cuenta, es un mural de mi existencia. Curiosa mezcla de libros, cartucheras, tijeras en abundancia, paredes blancas, mucha fotocopia y muñecos de peluche.
Vivo en un hogar que es mucho más que una suma de cosas. Este espacio lejos de deteriorarme, me contiene. Es sin dudas uno de los mejores lugares por donde pasé.
Ayer quedé muy contento con la función de Lame Vulva, si bien hay escenas sobre las cuales debo seguir investigando, ajustando y buscando la mejor forma de las situaciones, hay un crecimiento, y la entrega de los chicos es notable.
La gripe "A", no amedentró a los valientes espectadores que se acercaron a la sala que estaba casi llena.
Por otro lado estar haciendo lo que me gusta, avanzar en los espacios, en el arte de la representación siendo conciente de lo que va aconteciendo, me alinea, me hace establecer profundidad, para con mi espirítu reflexivo y crítico.
Aprendo con la experiencia. Con las heridas y con la mente, con la voluntad, la actitud, la lucha, la entrega. Aprendo a los golpes y con pasos, en la quietud y el silencio y en el estallido de mi vitalidad, frágil a veces y tosca en otros momentos.
Soy mi propia y permanente restauración.
Es un lujo el equipo de trabajo con el que me rodeo, la gente con la que creo universos.
Los espacios que hemos forjado son rebozantes, me examinan para anunciarme, me colocan bajo la luz, resumen mi pasión. Son un triunfo personal que me alimenta a diario.
Tengo mucho para leer.
Ayer almorcé con Dina y Amparo, compañeras de la facultad.
Dina me prestó un libro interesante.
Voy a sacarle el jugo.
Volví a ir a terapia después de un par de semanas de ausencia, debido a que mi terapeuta estaba con algunos problemas de salud.
Me hace bien ordenar las ideas frente a mi psicóloga, aunque a veces el dinamismo de la sesión me apabulla. Me pone en tantos lugares. Palos y piedras verbales, armas peligrosas para un hombre que aún no está autorizado para hablar de si mismo con total claridad.
Mi lona protectora está a centímetros de mi dignidad y lejos de la cultura elitista.
El humor me sigue pareciendo fundamental, no me ridiculiza, ni me dilapida, me manifiesta.
Que lindo que es el invierno, me hace bien, me seduce escribir cuando afuera hace frío.
Disfrutaré de este fin de semana.